viernes, 5 de agosto de 2016

"Entre Dios y la pelota"

Todo indica que hace más de 400 años un antepasado mío ya jugaba  a pelota.
Un día recogí en el polideportivo de Zierbena, para el club Galipa, una  nota de compra de Deportes Perkain, una   pequeña pero gran tienda de pelota vasca que hay en Pamplona, en la Calle La Merced, cerquita del Frontón Labrit. Javier Bariain, quien la regenta, me enviaba dentro del sobre un escrito a mano con referencia a un libro en el que se hablaba de un antepasado mío, Martin de Ollobarren, clérigo de armas tomar y amante de la pelota.

La historia es recogida en uno de los capítulos del libro "Entre Dios y la pelota", escrito por Tiburcio Arraztoa y que trata de los curas pelotaris. Es el tercer libro de este jugador de laxoa y presidente de Laxoa Elkartea. Arraztoa ha consultado el archivo diocesano de Pamplona, donde ha encontrado muchas historias, anécdotas y chascarrillos sobre los clérigos pelotaris. Además, Tiburcio ha podido hablar con Jesús Jaimerena, joven párroco que aparece en la portada de su libro, vestido con sotana negra y con dos de sus dedos protegidos con cinta blanca, impulsándose contra la pared de un frontón; y con José P. Mendioroz, párroco de Gartzain, "los dos últimos curas jugadores de laxoa".
Mi bisabuelo materno era navarro, Acisclo Ollobarren, "el Barbas". Maxi Bañales, considerado historiador local de Zierbena, le llegó a conocer y me contó en una ocasión que era un hombre de baja estatura, fuerte y muy trabajador. Maxi le recuerda cavando zanjas en los enclaves agrícolas de Moreo y Ranes, para  hacer huertas y plantar vides. Mi  tío abuelo Felipe Ollobarren ("Ipe", la mejor persona que he llegado a conocer), hijo primogénito de Acisclo,  nacido en Zierbena en 1898,  me  solía contar que  mi bisabuelo había venido andando desde Navarra a buscar trabajo y que se asentó en Zierbena, donde conoció a mi bisabuela Segunda Elgera, que vivía en el barrio de La Cuesta. Mi bisabuelo regresó a pie varias veces  más hasta Navarra, a ver a sus familiares, y en una de esas ocasiones trajo consigo a uno de sus hermanos, Nicasio, que también se asentó en Zierbena, que es la cuna de los Ollobarren que hay por esta zona hoy en día, que no somos muchos, la verdad.
Hace unos años, junto a mi única hermana, Mª Nieves, y unos familiares allegados, visité Ollobarren, un  pequeño y tranquilo concejo del municipio de Metauten, formado por 6 concejos Arteaga, Ganuza, Metauten, Ollobarren, Ollogoyen y Zufia. Pertenece a la comarca de Valdega, en la Merindad de Estella,  de donde dista 12 km. Está a 55 km de Pamplona.
El concejo de Ollobarren visto desde el sendero que asciende a la Sierra de Loquiz (arriba), cuyos farallones rocosos se  ven en la imagen inferior sacada al ir acercándose hasta el concejo desde Metauten, centro administrativo del municipio  de los seis concejos de esta zona agrícola de  Estella.
Ollobarren está estratégicamente situado, al pie de la Sierra de Loquiz, en un entorno natural de bosques de quejigos y encinas próximos a los farallones de roca. Montejurra no queda  lejos, irrumpe en la planicie. Las casas donde vive el medio centenar de vecinos del concejo están a los lados de una calle alargada y en ligera cuesta que culmina con la Iglesia de la Asunción, al lado del  viejo cementerio.
En Ollobarren no hay frontón, sí lo hay en la cercana Ganuza. Y en el colchón superior  tiene la inscripción del Frontón López. He sabido por Iker Arrastia, el campeón navarro, que en este frontón es donde más se ha jugado a paleta goma en toda la Tierra de Estella y que esta modalidad es una gran tradición  allí.
En Ollobarren vi a un anciano, sentado a la sombra y  recordé a mi tío "Ipe", era su viva imagen. 
Me puse a hablar  con él, fue un gran momento.

Yo no llegué a conocer a mi bisabuelo navarro, sólo  pude conocer, aunque siendo muy niño, a mi bisabuela zierbanata, de la que tenemos algunas referencias que indicarían que sus antepasados eran de la zona de Artzentales. Por lo que  se recuerda en la familia, mi bisabuelo no salió de Ollobarren, sino del no lejano concejo de Ubago, adonde se habría trasladado anteriormente su familia. Ubago es el más diminuto de los cuatro concejos que forman Mendaza, cercana a Metauten. Pero volvamos a la historia de Tiburcio Arraztoa en su libro sobre los curas pelotaris.

La historia de Martín de Ollobarren data del año 1.589  y sucedió en Legaria, y hablan testigos de Etayo, Oco, Ancín y Murieta, que como se aprecia en el mapa de la imagen anterior están todos ellos cercanos a la zona de Ollobarren, primera cuna de mis antepasados navarros.
Martín de Ollobarren aparece como un cura de conducta inmoral, vida desordenada y carácter violento, jugador de naipes en las tabernas y de pelota en las plazas y calles, recorría las calles armado y tenía  cierta  tendencia a enfrascarse en discusiones y hasta peleas, incluso con sus colegas clérigos y superiores.
Juanes de Ollobarren, hermano suyo, le denunció por una cuchillada que le asestó tras una discusión por unas tierras. A raíz de esto,  numerosos testigos declararon en su contra.
El cirujano de Etayo afirmó haber jugado con Martín de Ollobarren y el abad de Oco a pelota, "vestido con sotana o ropilla larga".
El herrero de Murieta declaró que Martín de Ollobarren era "hombre colérico ocasionado a riñas" y que él le había visto jugar a pelota en la plaza de Legaria, jugándose seis pintas de vino nuevo con Diego de Ollo, vecino de Ancín, y un pamplonés.
El presbítero de Legaria, Juan de Arbizu, aseguró haberle visto jugar en el trinquete de la localidad. Así mismo, el sacristán también testificó  haber visto a Martín de Ollobarren jugando a pelota y bebiendo vino en el trinquete de Legaria (por cierto, si no me falla la memoria, de Legaria es Susana Muneta, una de las mejores mujeres pelotaris navarras de las últimas décadas, compañera de Maite Ruiz de Larramendi durante tantos años y que también  vino a jugar  al frontón del Maloka en 2005 y 2006).
El molinero de Legaria contó que estando él y otro jugando a pelota apareció Martín de Ollobarren provocando con que la pelota era suya y acabó  llevándose dicha pelota después de  cruzarse importante  improperios.
Cuando Martín de Ollobarren  tuvo noticias de todas estas declaraciones en su contra, y probablemente para evitar  ir a la cárcel, negó todas y cada una de las acusaciones, pero pidió enrolarse como cura en el ejército. Se sabe que fue condenado a dos meses de suspensión en su ejercicio sacerdotal y que se le prohibió entrar en una iglesia de Pamplona durante dos años; además de sancionarle con dos ducados de multa y apercibimiento de un mayor castigo si no llevaba una vida digna y acorde a su cargo y sin jugar públicamente a pelota. 
Atraído por saber algo más de mis antepasados navarros volví por Ollobarren poco después y recorrí la Sierra de Loquiz, llegando hasta su basílica de Santiago, después de   cruzar el impresionante farallón por un agujero en la roca conocido como "el ojo de Ollobarren".
Desde  un peñasco del alto, a la altura de Ollogoyen, pude contemplar todos los alrededores de Ollobarren y sentí que estaba cerca de donde partió a pie mi bisabuelo Acisclo Ollobarren.
 Concejo de Ollogoyen
 Basílica de Santigo  de Loquiz

 Descenso hasta Ganuza, en cuya parte izquierda sobresale el  edificio del frontón de este concejo.
 Al terminar el descenso y mirar atrás, la vista seguía siendo impresionante.
Me topé con unos enormes robles. Mi primer apellido es Areizaga, "lugar de robles". Desconozco de dónde eran mis antepasados paternos, porque mi  abuelo paterno era  hospiciano y fue adoptado por unos vecinos de mis bisabuelos de El Pobal (Muskiz), Francisco y Luisa, acabándose por casar con una de sus hijas, Manuela, mi  abuela. También  mi abuelo paterno era de armas tomar, y éste sí estuvo en la cárcel por su ideología antifranquista. Sin embargo, en mi familia, el que ha sido de armas tomar  ha sido mi padre, fallecido este año. Pero esa es otra historia, historia que  seguro os contaré algún día, pero no hoy, porque...ciertamente, me llevaría mucho tiempo.
Solamente la necesidad de sobrevivir pudo ser lo que le llevara a mi bisabuelo navarro abandonar un paraje tan hermoso. Y solamente el amor por mi bisabuela pudo ser lo que le impidió regresar para quedarse.
Mis bisabuelos Acisclo y Segunda tuvieron muchos hijos, y varios de ellos murieron o desaparecieron tras ser sacados por la fuerza de su casa y ser obligados a luchar en la contienda de la Guerra Civil Española. Nunca se supo más de ellos. Quizás, sus restos acabasen en una fosa común, apilados como animales. Pero el gobierno español quieren que eso se olvide. Quizás, por eso y por tantas otras cosas más, yo solamente me siento vasco y navarro, nada más.
Algún día hablaré sobre mi madre, Teresa Ollobarren, fallecida en el año 2000, 
una madre ejemplar, digna de ser recordada.

2 comentarios:

  1. Impresionante Rober. Muy bonito y detallado reportaje.
    Espero con impaciencia el resto.

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  2. Envidia sana por todo lo que sabes de tus antepasados. Ojalá esa historia la podriamos tener todos de nuestros antepasados.
    Me gustaria saber las hazañas de Julian, fuese como fuese Zierbena , en concreto la Playa , no seria igual sin él. Apesar de su vida Julián,
    Era Julián " un loco bajito " que vivió fiel a su ideología. No le olvidaremos tan fácil

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