Bajo un cielo que parecía infinito,
la pala no sólo golpeaba una pelota:
construía sueños y hacía olvidar conflictos
mientras veíamos jugar a nuestros pelotaris favoritos.
Zierbena protagonista siempre, cada tarde,
en la cancha, en las gradas, en las fotos y en cada escrito,
porque entretener a la gente nunca fue delito.
Hay pasiones que no se explican.
Sólo se viven... mientras duran,
y hasta que se terminan,
porque hay quienes dedican su tiempo a ellas
dejando imborrables huellas en el camino
y también hay tarugos que cavan para enterrarlas.
¡A los hechos me remito!
El Torneo Maloka sigue vivo
y será infinito.

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