
El campeonato de pala de La Rigada me ha dado una oportunidad: la de mostrar el aprecio, cariño y agradecimiento que le tengo a MILIKI (en el campeonato, ITOR; y para otros Victor Marín), por cómo me ayudó en mi 1ª experiencia laboral, que fue en la ya desaparecida fábrica de algas GUMMAGAR (La Arena, Zierbena) allá por 1984 y años siguientes.
Yo había estado simpre estudiando, terminé Magisterio, cumplí el servicio militar ("la mili") por IMEC, me casé con Mari Carmen en junio de 1982, tuvimos a David a los dos años, en septiembre de 1984, y tenía necesidad de trabajar. Y solamnte había "trabajado" dando clases particulares de EGB en los veranos entre 1977 y 1983, aquí en La Arena. No tenía más experiencia laboral.
Trabajar de peón en GUMMAGAR no era complicado. Sí requería mucho esfuerzo físico y unas condiciones exigentes, porque pasabas de estar en espacios de altas temperaturas a zonas de mucha humedad, corrientes de aire y simpre un ruído ensordecedor (la única étapa de mi vida en que mis oídos se protegían creando tapones de cera continuos), la ropa mojada y sucia... a veces, allí no se trabajaba, había que hacer todo a la carrera y estábamos a relevos (mañana, tarde y noche).
Yo lo tuve que compaginar con estudiar Euskera y sacar el EGA (1986) y fue duro, sí.
Yo no sabía apretar un tornillo, no sabía manejar un alicate, no sabía regular un grifo, no sabía reparar nada, ni unir unos cables... solamente había trabajado con libros. Tenía voluntad, pero nada más, era un trabajador nada cualificado.
MILIKI fue mi compañero protector, el que más estaba conmigo, vaciando las tolvas, sacando las boinas de agar para luego colgarlas, meterlas en los secaderos y, después, triturarlas y molerlas...
Nadie me ayudó como él. Él no había ido mucho a la escuela, era hasta un poco rudo, monchino, no encontraba, a veces, la palabra adecuada y tenía sangre caliente y mecha corta; pero le sobraba HUMANIDAD. Yo tenía miedo de hacer las cosas mal, de meter la pata, de estropear algo del proceso de las algas... me ponía nervioso cuando sonaba una sirena, nunca sabía qué pasaba, me ponía nervioso cuando se acercaba el jefe (Txema Gorriaran, "Gorri") y se quedaba mirándonos... yo necesitaba llevar un dinero a casa. MILIKI fue como un padre para mí. No, lo corrijo: MILIKI fue más que un padre para mí. Porque mi padre también trabajaba en la fábrica de algas, pero nunca me ayudó en nada, pienso que mi padre no quería que yo trabajara allí, para que yo no me enterara de todas las fechorías que él hacía...
Sin MILIKI no habría sobrevivido. Yo me sentía a gusto siendo como un perrito bodeguero que le sigue a su amo y se siente seguro con él. MILIKI nunca me reprochó no saber manejar ninguna herramienta, jamás, me enseñaba para que aprendiera. Me llevaba a mi mundo y me ponía en valor. Me hablaba de que él no pudo estudiar y que por eso tenía que estar allí, como un esclavo currando de sol a sol sin que nadie se lo valorase.
En la fábrica había unos cuantos compañeros, iban y venían, con unos coincidí más tiempo y con otros, menos, Estuve allí casi cuatro años, hasta que me llamaron para hacer mi primera sustitución como maestro en el CP EL Casal (Gallarta). Y despues, seguí varios años yendo los fines de semana o entre semana a hacer trabajos concretos en los que me fui especializando o para los que Txema Gorriaran fue confiando en mí.
Me gusta cuando me tropiezo por el barrio con Jesus, el hermano de Tarzán, y me dice: "Eh, bonito". Ese dicho es de haber trabajado en la fábrica de algas. Y me gusta cuando Pedromari Sañudo y yo hablamos de las algas, formó parte de nuestras vidas. Pedromari también trabajó allí y era un tío muy currante. (Y Pedromari fue el que más me ayudó en los dos primeros Torneos Maloka). (Y Pedromari y Miliki son muy amigos). Recuerdo al Peque y al Bonito, hermanos de Miliki, también trabajaron allí, coincidí con ellos, me trataron bien, sí, pero eran diferentes. Recuerdo con cariño a Pitín de Ontón también, y sus dichos, que siempre tenía un refrán para cada situación ("No me gusta cómo caza la perra", que no lo volví a escuchar hasta que en Karrantza, la cocinera Bego me lo dijo. Y ahora se lo oigo a Bego Campo). Coincidí con gente maja, pero eran diferentes. MILIKI sólo hay uno.
Descargando la tolva, a toda ostia, como si se tratase de una carrera de 100 m, te faltaba el aire, pero no parábamos de hablar. MILIKI me hacía feliz, yo no tenía su habilidad, sufría, pero me llevaba a un ritmo vertiginoso, jugábamos a batir el tiempo de descarga de las boinas.
Miliki me preguntaba cosas, de Lengua, de Geografía, de Historia, de Matemáticas... él quería saber, aprender... Yo era su maestro y el éra mi ángel de la guarda en GUMMAGAR. Yo pensaba, ¡joer!, éste tenía que haber sido mi hermano.
MILIKI no tenía pelos en la lengua; al pan, pan y al vino, vino. Le decía lo que había que decirle a la gente, no tenía filtros, le daba igual que fuese un compañero, el capataz o el mismísimo jefe. Eso me hacía admirarle más. Igual le faltaba vocabulario, pero le sobraba valor y coraje.
Poco a poco, ya no le veía como un compañero de trabajo, se convirtió en mi amigo. Y siempre lo he considerado así, aunque cada uno ha ido en su camino y no nos hemos tropezado mucho, desde que yo dejé de ir a la fábrica y fue absorbido por el sistema educativo.
Ahora ya somos viejos, tenemos dolores, llevamos cicatrices que nos dejó la vida, pero en la memoria y en el corazón tengo reservada una butaca especial para MILIKI. Nadie más se sienta ahí.
Y voy a jugar el campeonato de pala de La Rigada y me le encuentro allí, que es su barrio, y me dice Txerty, que va a jugar con MILIKI en la categoría de "Mancos". No me lo podía perder... Fue ayer. Fui y le hice unas fotos jugando... las fotografías son una disculpa. Yo lo que quería era hablar de lo importante que fue MILIKI para mí en la fábrica de algas. Y que lo sepa todo el mundo que lea HAIXEDER.
Yo, siendo como era, cuando fui a la fábrica de algas, iba con miedo, porque estaba allí mi padre, porque no sabía trabajar, porque tenía que compagiarlo con estudiar Euskera, por muchas cosas... y tuve la suerte de encontrarme allí a MILIKI. El karma me lo puso.
Superé la prueba de GUMMAGAR. El jefe, Txema Gorriarán, era como una pulga cojonera, era el que más curraba en la fábrica y el que más horas metía, ¡qué presión!; estaba y aparecía por todos los recovecos de la fábrica, ¡¡¡llegabas a preguntarte si sólo había un Gorri o si eran más de uno!!!; pero fue también como un padre para mí. Tras el primer año, empezó a mimarme y a ayudarme mucho y hasta me invitaba a ir a Las Llanas a ver al Sestao River, que, por aquel entonces, jugaba allí su sobrino, Toni Gorriarán, que, luego, fue capitán y jugó en la mejor época del Real Oviedo en 1ª división. Y que tras retirarse jugó a pala y era la época de inicio de Galipa y pasamos momentos gloriosos e inolvidables con Eloy e Igor Tajada, con Gorkita, con Miguel Alea, con Rufi Manterola, con Iñaki Ferrero, etc...


Dicen que uno nunca olvida a quien le dio la primera oportunidad. Yo añadiría algo más: tampoco olvida a quien, cuando todo eran dudas y miedo, caminó a su lado para que no se sintiera solo. Cuarenta años después, cada vez que veo a MILIKI, no veo sólo a un antiguo compañero de GUMMAGAR. Veo a una de las mejores personas que la vida puso en mi camino. Y eso merecía ser contado. Hay deudas que no se pagan con dinero, sino con gratitud. Esta era una de ellas.
Los años borran muchas cosas, pero nunca el recuerdo de quien te tendió la mano cuando más lo necesitabas. Nunca olvidaré quién me enseñó a trabajar sin hacerme sentir menos por no saber. La mejor escuela de mi vida no fue una universidad; durante cuatro años se llamó GUMMAGAR. Y mi mejor profesor fue MILIKI.
Las fábricas desaparecen, las máquinas se oxidan, pero las buenas personas permanecen para siempre en la memoria.No todos los héroes llevan uniforme. Algunos llevan una pala en la mano y un corazón enorme.
Hay personas que dejan huella. MILIKI dejó camino.
ESKERRIK ASKO, LAGUN!