Haixeder
Beti zain, beti bila
martes, 3 de noviembre de 2026
"¿Dónde están los besos que te debo? ("Salir" - Extremoduro) GAUERDIKO POEMAK - XIX
lunes, 2 de noviembre de 2026
"La vereda de la puerta de atrás" GAUERDIKO POEMAK - XVIII
me la he pasado entera
buscando el siguiente escalón
convencido que estás en el tejado
esperando a ver si llego yo".
mi ejército no tiene banderas, solo un corazón
condenado a vivir entre maleza
sembrando flores de algodón".
"Standby" GAUERDIKO POEMAK - XVII
IZARREKIN AMETSETAN
Zorabio ematen dit puntu hilak eta atzera-martxak,
auto-ilaren artean bizitzeak,
balazta automatikoek eta gasolio-usainak.
Larritu egiten nau begiraden gurutzatzeak,
hitzen noranzko bikoitzak
eta semaforoen keinu lizunak.
Presak eta estilo falta dira nire hondamendia,
nahitaezko bideak,
igande arratsaldeak,
eta baita lerro zuzenak ere.
Amorrarazi egiten naute zalantzarik ez dutenek,
eta beren idealak besteen gainetik jartzen dituztenek.
Nekatu egiten nau hainbeste trafikoak,
hainbeste zentzugabekeriak,
itsasoaren aurrean geldi,
mundua biraka ari den bitartean.
"Hiltzen bainaiz" GAUERDIKO POEMAK - XVI
zure hurbiltasunak arnasa kentzen baitit.
Nire eskuak ere mutu geratu dira,
zure ukituaren oroitzapenean galduta.
domingo, 1 de noviembre de 2026
"Neska berdez jantzia" GAUERDIKO POEMAK - XV
ez dago beste aukerarik,
egongo balitz, ez litzaidake gustatuko;
leihotik begiratu hiriari,
kafetegitik
eta irribarre egiteko esaten dit.
lunes, 26 de octubre de 2026
Zierbenako Galipa presente en el Mundial
martes, 20 de octubre de 2026
KARRANTZA, encantos que enamoran
construída en 1941 por canteros carranzanos.
pertenecía a la familia Santisteban y está en Concha.
En 1995, la finca fue inaugurada como parque ecológico de Bizkaia.
niños de la zona limítrofe burgalesa y niños negritos, angoleños muchos,
que iban a la escuela en Concha,
cuando yo llegué a Karrantza a principios de la década de los años 90.
lunes, 19 de octubre de 2026
"Hemen nauzu berriro" GAUERDIKO POEMAK - XIV
Hemen nauzu berriro…
Besoak nekatuta, zure soldadua naiz…
Hemen nauzu berriro…
"Argazki bat, betiko" GAUERDIKO POEMAK - XIII
Edertasunagatik hunkitzen duten paisaiak,
direnagatik liluratzen gaituzten lekuak,
denborak agian berriro itzuliko ez dizkigun txokoak,
oroimenean geratzen diren uneak…
eta zu argazki batean.
Ikusi nuena gogoratzeko,
eta sentitu nuena ez ahazteko.
Agian une hori ez da berriro itzuliko,
baina irudia betiko geratuko da.
Argazki batek denbora geldiarazten du,
eta une bat
betiko oroitzapen bihurtzen du.
"Kolore guztietako lorea" GAUERDIKO POEMAK - XII
Entre flores de mil colores,
tu mirada parece un regalo;
como un rayo de luz entre pétalos,
que acaricias con tus manos.
"Argitzen didan irribarrea" GAUERDIKO POEMAK - XI
Hay sonrisas que iluminan la playa
y miradas que acarician el mar;
hay mujeres que, sin decir nada,
lo consiguen todo con su forma de estar.
De frente, luz y ternura;
de espaldas, libertad,
y en ambas, belleza para enamorar.
lunes, 12 de octubre de 2026
ARGizko izaki bat
Badira pertsonak, zenbat eta urrunago, orduan eta hobeto.Zu, ordea, bestelakoa zara: zenbat eta hurbilago, orduan eta hobeto.Begi urdin horien atzean edertasuna baino gehiago dago: estiloa, gizatasuna eta dena errazago egiteko duzun dohain berezia. Ez dut ezer eskatu beharrik, beti baitakizu nik behar dudana, nik esan baino lehen. ❤️
Pero contigo la regla cambia: cuanto más cerca, mejor.
sábado, 10 de octubre de 2026
sábado, 3 de octubre de 2026
Las cruces de los acantilados
Hay acantilados que parecen guardar demasiadas historias tristes.
Entre sus piedras aparecen cruces, lápidas y epitafios, fotografías, flores… pequeños homenajes colocados allí por quienes un día perdieron a alguien frente al mar. Nombres grabados en una piedra para que el tiempo no los borre. Flores que el viento mueve y que alguien vuelve a colocar cuando regresan al lugar.
Porque detrás de cada cruz hay una persona. Un padre, un hermano, un hijo, un amigo. Alguien que un día salió de casa y no volvió.
Pescar es también esperar. Esperar una picada, observar el movimiento del agua, conocer el viento, interpretar las olas, buscar entre las rocas ese lugar donde quizá el mar quiera concedernos algo.
Para unos es un deporte. Para muchos es una afición. Para otros, una forma de vida. Para algunos, simplemente una manera de escapar durante unas horas del ruido de todos los días. Pero el mar no entiende de aficiones. El mar es el mismo para todos. El mar puede ser hermoso y, al mismo tiempo, traicionero.
Después queda el silencio.
El mar continúa entrando y saliendo. Las olas siguen golpeando las rocas. El viento sigue recorriendo los acantilados. Los días siguen pasando como si nada hubiera sucedido. Pero para quienes se quedan, ya nada vuelve a ser igual, porque la muerte termina con una vida, pero no termina con el dolor de quienes la amaban. Quienes se quedan recuerdan.
Preguntas que no tienen respuesta y que, sin embargo, pueden acompañar durante toda una vida.
Quizá por eso los acantilados están llenos de cruces.
No solamente para recordar a quienes murieron, sino para recordarnos a los que seguimos aquí que detrás de cada nombre hay una historia, una familia y una ausencia.
Pero mientras alguien vuelva a aquel lugar, mientras alguien coloque una flor, mientras alguien pronuncie aquel nombre, esa persona seguirá estando un poco entre nosotros. Quizá por eso, cuando caminemos junto a un acantilado y encontremos una cruz, una placa o unas flores, deberíamos detenernos un instante. No sabemos quién fue aquella persona. Pero alguien sí la conoció. Alguien la quiso. Alguien todavía la echa de menos, porque por mucho que el mar borre las huellas de las rocas, nunca consigue llevarse del todo.
La pesca enseña algo que la vida también sabe: no todo depende de nosotros.
Frente al mar, la paciencia es una virtud; frente al acantilado, la prudencia es una obligación.
miércoles, 30 de septiembre de 2026
Lugares, momentos y personas
Hay lugares que permanecen en la memoria y que, con el paso del tiempo, se vuelven especiales. Puede ser una playa, un sendero de montaña, la terraza de un bar, un bosque de hayas, una sala de cine, un frontón o un pequeño camping junto al mar.
Del mismo modo, también hay momentos que quedan guardados en nuestra memoria y que se vuelven especiales: una noche de verano, un atardecer de otoño, un amanecer de primavera o una nevada de invierno.
Todos esos lugares y momentos pasan a formar parte de nuestra vida. Con el paso de los años, quizá nos parezcan cada vez más especiales. Pero yo creo que hay algo todavía más importante.
Las sonrisas compartidas con ellas, las conversaciones, los abrazos, los silencios, los sueños y las experiencias vividas juntos son los que dan para siempre un significado especial a un lugar o a un momento.
Por eso, quizá, no recordamos solamente los lugares, ni tampoco solamente los momentos.
Recordamos a las personas que estuvieron con nosotros en aquellos lugares y en aquellos momentos.
Y así, un día, un lugar cualquiera se convierte en un lugar especial, y un momento sencillo se transforma en un recuerdo para toda la vida.
Las personas y lo que nos hacen sentir son lo verdaderamente importante, lo que más valor tiene de todo.
El río de la vida
Quizá la vida se parezca mucho a un río.
Al principio apenas somos un pequeño hilo de agua. Un arroyo que nace tímidamente, casi sin saber todavía hacia dónde dirigirse. Así somos cuando llegamos al mundo: pequeños, frágiles, dependientes, descubriendo poco a poco todo lo que nos rodea.
Después crecemos y aquel arroyo se convierte en riachuelo. Aprendemos a caminar, a correr, a jugar, a preguntar, a descubrir. La vida empieza a coger velocidad y nosotros también.
Llega la adolescencia y el agua se vuelve más inquieta. El cauce se ensancha, aparecen las primeras curvas, los primeros obstáculos. Queremos encontrar nuestro propio camino, a veces chocamos contra las piedras y otras veces nos dejamos llevar por la corriente.
Y llega la juventud. Somos ya un río con fuerza, lleno de energía, de sueños y de caminos por recorrer. Avanzamos deprisa, atravesamos valles, buscamos horizontes y pensamos que el viaje será interminable.
Después llega la edad adulta. El río ha aprendido a conocer su cauce. Sigue teniendo fuerza, pero también ha aprendido que no siempre se puede ir en línea recta. Hay meandros, desvíos, remansos y momentos en los que parece que el agua se detiene.
Y un día nos hacemos mayores.
El río también parece cambiar entonces. Ya no necesita correr. Se vuelve más sereno, más profundo, quizá más ancho. Ha aprendido que no todos los caminos tienen que recorrerse deprisa. Ha dejado atrás muchas piedras, muchas tormentas y muchos paisajes.
Y entonces comprendemos algo.
Que un río no deja de ser río porque cambie su forma.
Ni nosotros dejamos de ser nosotros porque cambie nuestra edad.
El arroyo, el riachuelo, el río joven y el río que se acerca al mar son, en realidad, el mismo río.
Como nosotros.
El niño que fuimos, el adolescente que soñaba, el joven que quería comerse el mundo, el adulto que construyó su camino y la persona mayor que contempla ahora el paisaje forman parte de una misma historia.
Quizá envejecer no sea perder fuerza, sino aprender a fluir de otra manera.
Porque al final, como los ríos, todos tenemos un destino.
Y mientras avanzamos hacia él, vamos dejando algo de nosotros en cada orilla, en cada piedra, en cada pueblo, en cada bosque que atravesamos.
Hasta llegar al mar.
Y quizá entonces descubramos que nunca se trató solamente de llegar.
Se trataba de disfrutar del viaje.










































