Haixeder
Beti zain, beti bila
sábado, 18 de julio de 2026
MALOKA, la excusa perfecta
Infinito
viernes, 17 de julio de 2026
Tanto para nada...
Los versos de este poema titulado "VIDA" pertenecen a Cuaderno en Nueva York, considerada la obra maestra del poeta José Hierro. Madrileño de nacimiento y santanderino desde muy niño, pasó cinco años en las cárceles franquistas, acusado de pertenecer a una organización que apoyaba a los presos políticos. Uno de ellos era su propio padre. Se abrió camino después como crítico de arte, periodista… y poeta reconocido y galardonado. Ganó el Premio Adonais, el Nacional de Poesía, el de la Crítica (tres veces), el Príncipe de Asturias (1981) el Cervantes (1998).
La poesía es uno de mis hobbies abandonados en estos últimos años.
Hay finales que llegan sin avisar, aunque vienen de muy lejos y un día descubres que ya nada será igual. Lo que ayer parecía firme hoy se deshace entre las manos, y lo que llamabas esperanza no era más que un espejismo sosteniéndose sobre la voluntad de creer, a pesar de las evidencias para no seguir creyendo.
La vida, a veces, no tiene respuestas, solo deja el eco de lo perdido, la amarga certeza de haber entregado el corazón allí donde el silencio acabó ocupándolo todo. Y duele, no por lo que terminó, sino por todo aquello que nunca deberían haber pisado.
Hay una tristeza que no llora hacia fuera. Permanece dentro, quieta, mirando cómo pasan los días con la serenidad resignada de quien ya ha comprendido que existen derrotas imposibles de explicar. Se aprende a caminar con ellas, aunque nunca dejan de pesar.
Quizá, esa sea la mayor decepción: descubrir que la vida no rompe los sueños de un golpe, sino lentamente, obligándote a seguir adelante mientras recoges, uno a uno, los fragmentos de aquello que merecía ser eterno.
Y, sin embargo, seguimos viviendo. No porque el dolor desaparezca, sino porque incluso la tristeza acaba convirtiéndose en memoria. Y la memoria, como el tiempo, siempre pone a cada uno en su lugar.
lunes, 13 de julio de 2026
La música también jugaba en el MALOKA.
La música formaba parte del Maloka, y cuando tenía tiempo de seleccionar las canciones que quería que sonaran cada tarde, estar en el frontón me costaba un poco menos, porque hay canciones que no se escuchan, que se convierten en altavoz al mundo de lo que tú sientes.
Empiezan sonando por los oídos, pero terminan zarandeando corazones y derramando lágrimas. Hablan de las heridas que nadie ve, de las injusticias que duelen en silencio, de las decepciones que nunca aprendimos a nombrar y de esa lucha diaria por seguir creyendo en las personas cuando el mundo, a veces, y cada día más, parece empeñado en demostrar lo contrario.
Un verso, una melodía, una palabra... y un escalofrío recorre la piel. Porque comprendes que alguien, sin conocerte, ha sido capaz de escribir exactamente lo que tu corazón llevaba demasiado tiempo intentando callar.
MALOKA ...rumores...
Hay ausencias que no se pueden explicar con palabras. Se sienten como el eco de un grito en medio del silencio.
Este año, al no organizar el MALOKA, siento una mezcla de nostálgica tristeza y aliviadora alegría difícil de describir. No echo de menos solo un campeonato de pala; echo de menos los abrazos de muchos pelotaris cuando llegan al frontón, las miradas de ilusión de Malokazaleak y hasta la mirada del ojo que todo lo ve, el sonido de la pelota golpeando el frontón, los atardeceres y esa txapela que se refleja en el frontis, las risas compartidas, y todas esas frases que forman ya parte de la historia de este torneo ("El Cadenas, el hombre de oro del Maloka"..." Maloka me vuelve loka"... "la maldición del primer joko"...) y esa forma tan especial de hacer pueblo. Echo de menos una cita que, con el paso de los años, había acabado formando parte de mi vida. Y, a la vez, siento un falicidad de no tener que pelear con ese monstruo. Este verano dicen que sonrío más que nunca, pero echo de menos muchas cosas del MALOKA.
Es una sensación parecida a la que deja la marcha de un amigo del alma: alguien que sabes que ha significado mucho para ti y cuya ausencia convierte el lugar de siempre en un sitio distinto. Todo sigue ahí… pero ya nada se siente igual.
Porque hay cosas que trascienden el deporte. MALOKA nunca fue solo un torneo. Fue ilusión, amistad, identidad y un pedazo del corazón de Zierbena.
MALOKA maite dut. Eta beti maite izango dut.
Aixeder Errota
(Aproveché mi visita a ISPASTER para volver a pasar por el molino que me inspiró el nombre de mi blog en 2012).
Hay nombres que no se eligen; son ellos quienes terminan encontrándote.
En 2012, cuando decidí dar vida a mi blog, pasé días buscando un nombre que fuera mucho más que un simple título. Entonces, casi por casualidad, apareció ante mí el molino Aixeder. En ese instante sentí que ya no tenía que seguir buscando. Aquel viejo molino representaba exactamente lo que quería transmitir: la paciencia de quien espera, la ilusión de quien nunca deja de buscar y la fuerza de quien permanece firme frente al paso del tiempo.
Y el sobrenombre nació por sí solo, como si siempre hubiera estado esperándome:
Hay veranos que no se olvidan...
Hay veranos que se olvidan con el paso del tiempo.Y hay otros que permanecen para siempre en el corazón.Esos son los veranos que nunca terminan…porque la pala te engancha en el Campus y el verano puede continuar en otoño e invierno en el club Galipa.
Uda batzuk ahaztu egiten dira denboraren poderioz.
Eta beste batzuk betiko daude bihotzean.
Uda horiek ez dira inoiz amaitzen...palak Campusean erakartzen zaituelako eta udak udazkenean eta neguan jarrai dezake Galipa klubean.
Eta beste batzuk betiko daude bihotzean.
Uda horiek ez dira inoiz amaitzen...palak Campusean erakartzen zaituelako eta udak udazkenean eta neguan jarrai dezake Galipa klubean.
Cada mañana de julio, cuando el cucú del reloj canta las diez, en los frontones La Arena (lunes, martes y jueves), kiroldegia (miércoles) y El Puerto (viernes), no solo comienza un entrenamiento. Comienza una aventura. Cincuenta niños y niñas a lo largo del mes, y con una media de más de 20 cada semana, llegan con una pala en la mano, una sonrisa cómplice en la cara, brillo en la mirada y un mundo entero por descubrir.
Uztaileko goizero, erlojuaren kukuak hamarretan kantatzen duenean, La Arena (astelehen, astearte eta ostegunetan), kiroldegia (asteazken) eta El Puerto (ostiralean) frontoietan, ez da entrenamendu bat bakarrik hasten. Abentura bat hasiko da. Hilean zehar berrogeita hamar haur iristen dira, astean 20 baino gehiagorekin batez beste, pala bat eskuan, irribarre konplize bat aurpegian, distira begiradan eta mundu oso bat ezagutzeko gogoekin.
Durante unos días aprenden a golpear una pelota, sí. Pero, sin darse cuenta, aprenden algo mucho más importante: a respetar, a compartir, a levantarse después de cada error, a ayudar al compañero, a aceptar la derrota con dignidad y a celebrar la victoria con humildad.
Porque la verdadera enseñanza nunca aparece en un marcador. Se queda para siempre en el corazón.Cada rincón de nuestros frontones guarda una historia. Las paredes han escuchado miles de pelotazos, pero también risas, abrazos, palabras de ánimo y silencios de concentración. Son lugares donde generaciones enteras han aprendido que el esfuerzo siempre merece la pena y que los sueños empiezan con un primer golpe de pala.
Y ahí aparecen ellos. Los que hacen posible la magia. Los tres monitores que, con paciencia infinita, ilusión y una sonrisa constante, convierten cada entrenamiento en una lección de vida.
Naia Zugaza, hablando en euskera con la naturalidad de quien transmite mucho más que un idioma. Porque cada palabra en nuestra lengua lleva consigo una forma de entender quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde queremos caminar. Y los hermanos Agus y Román Maldonado... enseñando con el ejemplo. Con esa pasión que no se puede fingir. Con esa manera de mirar a cada niño y cada niña como si en sus manos pudiera estar el futuro de nuestro deporte. No solo enseñan a jugar a pala; consiguen algo mucho más difícil: hacen que la amen.Porque nadie recuerda al monitor que enseñó un golpe perfecto. Todos recordamos a quien nos hizo creer en nosotros mismos. Quizá dentro de unos años algunos de estos niños sean campeones. Y quizá otros nunca vuelvan a competir. Pero todos, absolutamente todos, llevarán consigo algo que nadie podrá quitarles: los amigos que hicieron, las mañanas de verano compartidas, las palabras de ánimo, las primeras victorias, las primeras derrotas, las fotografías que les hicieron, y el orgullo de haber formado parte de una gran familia llamada Galipa.Eso es lo que verdaderamente gana un pueblo cuando apuesta por el deporte. No solo forma deportistas. Forma personas. Y mientras haya un niño o una niña que entre al frontón con ilusión y salga con una sonrisa, la pala seguirá teniendo futuro en Zierbena.
Instalazioak harrizkoak direlako.Pilotak higatu egingo dira.Palak aldatu egingo dira urteekin.Baina haur batean ereindako balioek bizitza osoan irauten dute.
Porque las instalaciones son de piedra.Las pelotas acabarán desgastándose.Las palas cambiarán con los años.Pero los valores sembrados en un niño duran toda la vida.Eskerrik asko, familias, por confiar.Eskerrik asko, monitores, por vuestra entrega.Eskerrik asko, niños y niñas, por recordarnos cada día que la ilusión sigue siendo la fuerza más poderosa que existe.Zuek zarete Galiparen etorkizuna.Zuek zarete Zierbenaren harrotasuna.Eta bihotzez… ez utzi inoiz pala eskuetatik askatzen.Gure tradizioa, zuen etorkizuna. Ekin palari!
domingo, 12 de julio de 2026
Flashes de un partido en ISPASTER
me acompañan en la foto.

Con Naia Zugaza
El partido estuvo bastante bien y se resolvió en el tercer joko, después de haber estado muy igualado siempre.

Me di una vuelta por las instalaciones e hice algunas fotografías.
uno de los mejores cesta puntistas de la historia.




































