Una cálida noche de sábado, mientras paseaba
por el centro de la ciudad, un grupo de
gamberr@s empezó a molestarla, e incluso alguno llegó a insultarla. La dulce andereño se acercó a ell@s y les sonrió.
Uno de los hombres, quizás, el más
ignorante, motivo por el cual era también el más atrevido del grupo, comentó:
-
¿Es
posible que, además, sea Usted sorda, señorita? Le
llamamos cosas desagradables y tan sólo nos sonrió.
-
Cada
uno de nosotros sólo puede ofrecer lo que tiene –fue la respuesta de la andereño.
Amaia
Cuento adaptado para la ocasión
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.