viernes, 25 de agosto de 2017

Menorca 2017 (Parte II)

          FAVARITX          
El Cap (cabo) de Favaritx y su faro  son un lugar mágico. Es una imagen de postal, pintada en numerosos cuadros (uno de ellos vi en Ciutadella, con una joven  sentada de espaldas y mirando al faro). Y tiene su leyenda, como no podía ser de otra manera. Esa leyenda cuenta que si en las noches de luna llena, si andas sobre los charcos que se forman a sus alrededores, recibes de la luna y el mar energía, fuerza y fertilidad.

Favaritx está en el Parque de S´Albufera des Grau, en el noreste de la isla, y es geológicamente muy antiguo, concretamente, de la era primaria, también conocida como Era Paleozoica.
El Faro de Favàritx está rodeado de acantilados bajos de pizarra negra y grisácea, formando un paisaje que muchos definen como lunar o incluso infernal. Al dirigirte hacia el faro tienes la sensación de que has cambiado de isla, de que no se trata de Menorca en absoluto.

Yendo hacia el faro, a la izquierda,  se observaba un pequeño lago natural seco llamado Cós des Síndic. Es una balsa temporal que se llena de agua  cuando hay temporales y que  tiene gran importancia ecológica, porque se convierte en lugar de descanso y alimentación de aves.
El faro de Favaritx tiene 47 m de altura y se levantó en 1922, utilizando la propia roca de la zona.

Dicen que la tramontana, el fiero viento del norte, anula la voluntad de los hombres, impidiéndoles abandonar la isla. A mí Favaritx no me dejó indiferente.
 

En sus cercanías hay  algunas micro calas y acantilados al abrigo de los cuales echan el ancla numerosos yates de turistas que no son hombres de pueblo como yo.

En una cala cercana me llamaron la atención los restos de una cabaña de piedra y dos enormes troncos que sobre la arena oscura había depositado el mar.
 Parecía un buen lugar para   estar unas horas al sol de Menorca y meterse en el agua.

          LA FORTALESA LA MOLA          
La Fortaleza de Isabel II, La Mola del Puerto de Mahón (Maó),  fue construida durante los 25 años que van desde 1850 hasta 1875, siendo uno de los más grandes ejemplos de arquitectura militar del siglo XIX.
Desde lejos, la fortaleza y sus edificios se fusionan con el paisaje, pero te haces idea de su majestuosidad. Al entrar, encuentras una arquitectura colosal, con infinitas galerías, túneles, arcos, bóvedas... No paraba de preguntarme cómo se hizo  aquella mole hace más de siglo y medio. Impresionante.
Hay posibilidades de recorrerlo en vehículos  eléctricos (buggy y bicicleta), pero un hombre de pueblo debe recorrerlo a pie. Y es lo que yo quise hacer.

 La zona de la entrada a la fortaleza, con  cañones de defensa y enormes fosos a su alrededor, tiene una placa en la que indica que  fue visitada por la reina Isabel II en 1860.
¡Cuántas historias de muerte no habrá dentro de estos enormes muros!
 
La Mola ha sido testigo de  miles de historias que nunca nadie se se atrevió  a contar.

La Torre de la Princesa fue construida por los ingleses a finales del siglo XVIII. No me atrevía a recorrer los cientos de metros de las galerías que llevaban hasta ella bajo tierra. Y es que en muchos espacios de La Mola sentí miedo, el miedo de la oscuridad mezclada con malos recuerdos.

Cañón Vickers Armstrong. Yo que he visto los cañones de Punta Lucero puedo  deciros que parecerían  palillos de chupa chups al lado de este monstruo. Cuando un  empleado de la fortaleza   fue dando detalles de su capacidad de destrucción,  se me ponía la piel de gallina.  
Me contaron  que el dictador Franco, que había tenido  el mando militar en las Islas Baleares, sabía muy bien del poderío militar defensivo de Menorca y que, por eso, no la atacó al inicio de la Guerra Civil Española, pese a que Menorca fue la única isla del archipiélago balear que se puso del lado republicano.
También me contaron que en 1936, los suboficiales de La Mola apresaron a los oficiales, que estaban a favor de Franco, y los fusilaron. También  fusilaron a la mujer del comandante de la fortaleza, en el lugar de la cruz de la imagen superior. Después,  cuando el dictador se apoderó de España el  destino de los suboficiales pro republicanos es fácil de imaginar.
El polvorín aún se conserva en buen estado. No así la cárcel y los cuarteles de los soldados que hicieron aquí el servicio militar en la segunda mitad del siglo XX.

 Recorrer La Mola lleva su tiempo y llegó la hora de salir sin que hubiera podido recorrerlo todo.

           S´ALBUFERA y...           
     RUTA COSTERA desde ES GRAU a FAVARITX (9 km)      

Es el parque natural más importante de Menorca, tiene tres rutas  diferentes y es un espacio  donde  se pueden ver  cientos de animales, destacando las aves acuáticas (anátidas, garzas, cormoranes...) y las rapaces (águila pescadora, milanos...). Agosto no es buena época para avistar aves, pero aún así queríamos conocerla.
 Desde un alto al que se accedía por una pasarela de madera y tras subir   una treintena de escaleras  naturales de piedra se tenía una bonita panorámica del lugar en 360º.
Saliendo del parque llegamos a la playa de Es Grau y desde allí había una bonita caminata  de 9 km bordeando la costa hasta Favaritx. Y este hombre de pueblo,  hipnotizado por la belleza de este lugar, tenía ganas de volver a ver el Faro que estaba en todas las tiendas de  souvenirs de Menorca.
Al iniciar la mañana, un andaluz de Roquetas de Mar enraizado  familiarmente en Menorca me fue contando  cosas de la zona mientras nos preparaba unos zumos naturales de frutas en su chiringuito de madera.
 Sa Torreta, una mole rodeada de rocas areniscas de  formas muy caprichosas por la erosión,
y Favaritx al fondo. Paisajes idílicos.
 A cada paso había   alguna mini calita o cala para  refrescarse y meter los pies al agua.
 Y en esta  decidimos  pasar  un buen rato... y aproveché para sacar fotos a mi sirena.


Después,  con  muchísimo calor y alejándonos  de la costa durante unos kilómetros, la ruta se tornó dura y polvorienta al olor de las bayas rojas del lentisco.
 Y ya empezaba a notar cansancio cuando ya  se veía Favaritx al regresar el camino al lado del mar (Camí de Cavalls, etapa 2, por cierto).

Y, de repente, nos encontramos con la Playa de la Tortuga, preciosa, con vistas a Favaritx, y a la que se accede tras recorrer 1,8 km, nada menos. Pese a ello, había bastante gente esa tarde.
 Al fondo se ve el camino de descenso a la playa, por donde Amaia y yo llegamos desde Es Grau.
 Y a medio km, la Cala de Presili, muy bella también, y de acceso más corto que la de la Tortuga
Y en la misma calita que el día anterior encontré un  paraíso para descansar, meterme al agua y disfrutar de las  vistas, de todas las vistas.
Al abandonar la cala pensé que haber vuelto a Favaritx  había merecido la pena, pero eran las siete de la tarde y no había tiempo real de regresar por la ruta hasta Es Grau. Se echaría la noche en el camino y eso   no me daba  seguridad. Los hombres de pueblo tenemos muchos miedos.
No había cobertura para  llamar por teléfono y... como medida de urgencia   me puse a hacer auto stop, algo que practiqué mucho en mi juventud, pero que no hacía ya desde quizás  treinta años o más. Un Audi con una pareja asidua de Menorca en los veranos, su hija adolescente y  una amiga de ésta, pese a ser cuatro, decidieron que tenían que ayudarnos y nos acercaron hasta Es Grau (19 km por carretera), donde les invitamos a unos zumos de frutas naturales en el chiringuito del andaluz de Roquetas del Mar (Almería).

Antes de marchar de Favaritx obtuve otra perspectiva de aquellas ruinas de una antigua casa  a la orilla del mar. Y al preguntarme Amaia si me gustaba, le dije  eso de que "si hay paz en tu corazón, una cabaña se convierte en un palacio". Y ella sonrió. No estoy seguro de que siempre entienda las cosas de este hombre de pueblo.

          HOTEL EL ALMIRANTE          
Bonito lugar el escogido por Amaia para hospedarnos cerca de Mahón (Maó).
Curiosamente, también aquí hice un amigo, el camarero del bar, nacido en Mundaka,  que pasó su juventud entre Cantabria y Asturias, estuvo en Madrid y ahora  se ha asentado en Menorca. Un tipo dicharachero, agradable y muy educado. Muy profesional.
Desde el hotel había   magníficas vistas de la entrada al puerto de Mahón y vi pasar este enorme buque crucero. Amaia lleva tiempo diciéndome que tenemos que ir un año a un crucero. Y a mí el barco me da tanto miedo como el avión. Yo soy un hombre de pueblo.

Pero para mí... lo mejor de El Almirante...


          ES CASTELLS           
Mahón estaba bien para pasear y quedarse petrificado con los superyates de lujo que   estaban atracados por el  puerto. Los yates de James Bond, el  Agente 007, parecerían una diminuta chalupa a su lado. No había visto nada igual,  pero me sedujo más el pueblito cercano de Es Castells. Ese sí que era bonito, tenía  un encanto especial, sobre todo Cala Fonts.

Tanto es así que fuimos varias veces, de día y de noche. Y uno de los mejores momentos de Menorca fue cuando a medianoche en una calita perdida, a la puerta de una bodeguita, un trío  autóctono ofrecía canciones peculiares a los asistentes. ¡Qué gracia! ¡Qué humor! ¡Qué simpatía! ¡Qué bien lo pasamos!
La primera vez que fuimos a Cala Fonts nos encontramos con un gallego que regentaba un bar y enseguida nos dijo que éramos vascos y entabló conversación agradable. Por la noche   fuimos a cenar a su local y de postre pedimos fresas con helado.

          COVA D´EN XOROI          
La buena de Rakel Tabernilla, una andereño salerosa y simpatiquísima, le había dicho a Amaia que  no dejara de visitar  esta peculiar cueva en Cala´n Porter. Sentí como si ya no estuviera en Menorca, sin conocer Ibiza, me lo pareció. 13 € con derecho a consumición de un refresco o una cervecita valía la entrada, ¡y tenía  cola larga!, para acceder a un espacio increíble donde el aforo se reduce a 250 personas.
Es un espacio natural ubicado sobre un precioso acantilado de la costa sur, tocado por la historia, bañado por el mar; una gruta cargada de mitología; un mirador con espectaculares vistas, desde donde contemplar el amanecer, la puesta del sol y el embrujo de la luna; un lugar único a cualquier hora del día o de la noche.
Estos peñascos que el aire marino perfuma, guardan con su imponente belleza la leyenda de una historia de amor. 

Xoroi, hombre de ignoto pasado que llegó por mar, nadie sabe cómo, posiblemente único superviviente de algún naufragio, se refugió en la cueva. 
Las casas de campo de los alrededores sufrían frecuentes pillajes. De una de estas casas desapareció una bella moza próxima a casarse. Pasaron meses y años... 
Nada más se supo de la joven desaparecida. Un día de invierno, la isla se vistió de insólita nevada. En la nieve aparecieron pisadas delatadoras. 
Hombres armados siguiendo las huellas descendieron a la Cueva. En la gruta encontraron un hombre, una mujer y tres hijos fruto de su amor. 
Xoroi, al verse acorralado e impotente, se lanzó al mar seguido de su hijo mayor. El mar que lo había traído, se cerró sobre ellos guardando el misterio de su vida. 
Desconsolados, la mujer y sus dos hijos fueron trasladados a Alaior donde vivieron y tuvieron descendencia.

Dicen que sus atardeceres son idílicos. Y tiene conciertos en verano, por la tarde y por la noche. El que pudimos disfrutar de música chill out me gustó mucho.
 La cueva cuenta con diversas terrazas y miradores a diversas alturas


              ES GRAU             

Estando paseando por el muelle de Cala Fonts, me apetecía un zumo de frutas naturales para combatir el calor y le propuse a Amaia acercarnos hasta el churinguito del andaluz en Es Grau. Y, de paso,  dar una vuelta por el pueblecito, que solamente habíamos visto desde la distancia, en la ruta a Favaritx. Desde entonces, compro jenjibre cuando voy al supermercado.
En Es Grau hay casitas blancas muy pequeñitas y lanchas motoras y yates bastante grandes. Era un contraste que me llamaba la atención. Una empresa se dedica  a  excursiones en kayak en su bahía y alrededores. Hay más  lanchas, yates y barcos que personas.

Y bonitas puestas de sol.
Y, como en el resto de Menorca, la Ley de Costas debe estar encerrada en un cajón del que habrán arrojado la llave al fondo del mar.
Casita con  costa propia
Y un restaurante semiflotante, en el que se cenaba muy a gusto entre turistas todos extranjeros, que terminaban de cenar, se acercaban al muelle, subían en su lancha de motor y se adentraban en  el mar provistos de una linterna. Supongo que  irían a dormir a su yate.
Entre un yate y esta chica, ya sabéis con lo que me quedo yo.
Última noche en Menorca. Y ya empezaba a notar en nerviosismo de el regreso en avión. Esta vez, con escala en Barcelona. El viaje fue cómodo, al lado de la ventanilla y con un sudoku que pronto abandoné porque  no había nubes y se veía un paisaje espectacular. Primero la costa catalana, luego las estribaciones Pirineos al fondo, Jaca, Pamplona (y pude distinguir la Ciudadela) y luego ya la costa bizkaina. Sintiendo la inseguridad de la altura, y con la tensión habitual, pero  me gustó, aunque al aterrizar el avión parecía un balón muy hinchado en un campo de tierra superseco e irregular.

Al aterrizar supe que mientras   el avión estaba volando, en Barcelona  había habido un atentado terrorista. Me afectó, porque soy un hombre de pueblo.

Sí, soy un hombre de pueblo, pero no quiero dejar de serlo.